Botella térmica con interior cerámico
Por dentro
no es acero.
TrueSip es el nombre que le hemos puesto a lo que llevan por dentro nuestras botellas: 0,2 mm de cerámica vitrificada entre el acero y tu bebida. Es nuestro, no se compra suelto y no lo lleva ninguna otra. Todas las botellas térmicas del mercado aíslan parecido; la diferencia está en lo que toca la boca.
El acero aísla bien.
Pero deja sabor.
El acero inoxidable 304 es excelente conservando temperatura —de eso se encargan las dos paredes con el aire sacado de en medio, y es otra cosa distinta: cómo mantiene el agua fría 24 horas—. Como superficie de contacto con la bebida, es otra historia: a escala microscópica no es liso. Tiene poros y microsurcos donde se meten los aceites del café, los ácidos del zumo y los aromas del té.
De ahí el sabor metálico de fondo, y de ahí que el café de ayer siga presente en el agua de hoy por mucho que la friegues. No es suciedad: es la superficie.
Es también la razón por la que muchos fabricantes desaconsejan los cítricos y las bebidas ácidas en sus botellas de acero desnudo.
Una capa que
no tiene poros.
Vitrificada quiere decir cocida a alta temperatura hasta que se convierte en vidrio. La cerámica se aplica sobre la pared interior y se cuece hasta formar una superficie continua, lisa y químicamente inerte: sin poros, sin junta y sin costura. No tiene por dónde absorber.
El resultado práctico es sencillo de comprobar: se lava con agua templada y vuelve a cero. Puedes llevar café por la mañana y agua por la tarde en la misma botella sin que una cosa sepa a la otra.
Y como es inerte, los cítricos y las bebidas ácidas dejan de ser un problema.
Cómo se limpia, paso a paso — son dos minutos y no hace falta frotar.
Tres tamaños,
el mismo interior.
Los 0,2 mm de cerámica son idénticos en la de 350, en la de 600 y en la de litro. Lo único que cambia es cuánta agua cabe.
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